Grupo Cooperativo de las Indias

El Arte de Las Cosas

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Bitácora del Arte de las Cosas

  1. El verdadero enemigo

    23 ene 2012

    Es hora de asumir y difundir nuevos relatos, relatos que hablen de la abundancia posible en un mundo sin rentas. La alternativa es, simplemente, autodestructiva.

    Si un visitante de hace diez años paseara hoy por El Corte Inglés no podría creerlo. El estilo excesivamente atento, atildado y zalamero de los dependientes se ha tornado apatía y desánimo. Pasivo-agresivo por momentos. A veces, agresivo a secas. El templo de la clase media tradicional, transpira desidia y parece, de repente, tan decrépito y «demodé» como las blusas floreadas de sus trabajadoras.

    No es el único ambiente madrileño que parece haber sufrido una epidemia zombi. Si en tu agenda espigan ex-alumni del Instituto de Empresa, IESE o ESADE, las comidas de reencuentro de Año Nuevo seguramente vieron sustituido el bicarbonato por el Prozac. ¿Se incorporará al botiquín de la hostelería especializada en comidas de negocios? Parece probable.

    Para qué pensar en las comidas navideñas recién pasadas. Los años de vacas gordas y culposas consagraron una «epistemología de la víctima» que hoy se nos vuelve en contra: cuanto más sufras más se te ha de escuchar porque más valor tendrán tus palabras. Un diseño de incentivos perfecto para arruinar cualquier encuentro social. ¡¡Otra ronda de Prozac para todos!!

    El pesimismo de los «animal spirits» keynesianos, campa en un tiempo de incertidumbre. Uno ya llega a echar de menos aquellos años en que los más oscuros deseos de castigo, la culpa del bienestar, se resumía en el discurso del catastrofismo climático.

    Y lo cierto es que aunque la crisis ha tocado duramente a los trabajadores no cualificados y a los autónomos, las clases medias van zafando. Pero lloran y desconfían. Y ese llanto es el verdadero peligro. Porque lo malo es que en economía, como en la política o la vida, las profecías autocumplidas son poderosas. Se empeñan en hacerse realidad una y otra vez.

    Es hora de asumir y difundir nuevos relatos, relatos que hablen de la abundancia posible en un mundo sin rentas. La alternativa es, simplemente, autodestructiva.

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  2. Fuera del puzzle

    30 dic 2011

    Una de las mejores cosas que el 2011 nos ha dejado a los indianos es el sentido íntimo, en cada uno de nosotros, de no ser ni nacional de ningún estado ni connacional de nadie.

    Aleix Cabarrocas contaba muy bien ayer, a partir de la cuenta de twitter del estado sueco, cómo nacionalismo y generación artificial de escasez se unen irremediablemente. El post forma parte una serie en la que también comentaba cómo el marco nacionalista, aparentemente «natural» e «inocente», a las finales castra las posibilidades de relaciones interpersonales no mediadas por identidades imaginadas.

    Durante el último passagium nos llamó mucho la atención que en Montevideo nos presentaran siempre como los «amigos españoles» tuvieran o no pasaporte español aquellos indianos a los que se presentaba. Daba igual que explicáramos una y otra vez que los indianos y su entorno tienen pasaportes de todos los colores, que las cooperativas y empresas del grupo están constituidas originalmente ante distintos estados (incluido Uruguay) y que ni mucho menos nuestra actividad se enmarca dentro de los cauces de un «interés nacional» o del desarrollo de una identidad patriótica. Daba igual: en la mentalidad de nuestros interlocutores el mundo se divide en piezas homogéneas y no cabe pensar que haya nada que no exista sin constituirse previamente en el marco de una nacionalidad. No somos los únicos a la hora de sufrir esta limitación de la mirada. Hace poco Caro contaba como un aduanero en EEUU, al recibir su pasaporte austriaco le dijo: «este no, el de verdad».

    Como resultado hemos desarrollado un fino olfato para el nacionalismo que nos hace pegar un brinco cuando un amigo aplica la primera persona del plural a eventos deportivos («ganamos el mundial», «jugamos contra Perú», etc.) y no digamos cuando lo aplica a virtudes o defectos morales sea en primera o tercera persona («los chilenos somos vivos», «los vascos son brutos»…). Porque no es inocente el lenguaje que habla de las naciones como sujetos, como seres humanoides colectivos. Y es que las naciones no son personas, no son sujetos, no «piensan», no «sienten»… no «se dejan engañar» ni «sufren». Sólo las personas reales pueden hacerlo. Y cuando se personalizan comunidades imaginadas irremediablemente se escora hacia la xenofobia: si «España es así», cada individuo categorizado como español partirá en la relación con el prejuicio de «ser así» por parte de su interlocutor. Y ya sabemos la potencia de los sesgos confirmatorios. Y lo que entre personas que comparten la fantasía de «ser españoles», «ser argentinos» o «ser europeos» no tiene mayores consecuencias, cuando se socializa con aquellos a los que se identifica como parte de una fantasía alternativa (como ser bieloruso, catalán, africano o uruguayo), así no tengan ninguna, alimenta una tendencia xenófoba: se juzgará a la otra persona por el papel que, en la mitología nacionalista del que juzga, tenga el dios nacional ajeno. Papel, que obvio decir, que normalmente no será muy positivo, pues no hay imaginario nacional que no se sienta «víctima» de alguna, algunas o todas las demás naciones del puzzle con el que representa el mundo.

    Hay que reconocer que estas cosas nos sientan mal. Pero tienen un lado interesante: generan una reacción de igual fuerza y constancia en sentido contrario. A base de chocar con las ridiculeces nacionalistas y la xenofobia (a veces bruta, a veces «cool») en cada rinconcito del mundo por el que paramos, se nos tatúa en el alma todo lo que como comunidad de personas no somos: no somos europeos, no somos latinoamericanos, no somos uruguayos, no somos españoles… y esto permea a su vez la identidad personal de cada uno rompiendo la falsa complicidad de los estereotipos del mundo puzzle: ninguno nos sentimos ya, en ninguna medida, nacional de ningún estado ni connacional de nadie.

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  3. La importancia de Mondragon

    28 dic 2011

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    Según cifras publicadas hoy, Mondragon Corporación Cooperativa representa un «8,3% del empleo industrial en la C.A.V. y el 2,0% en Navarra. En Gipuzkoa, donde la presencia industrial de la Corporación es mayor, el porcentaje se elevó hasta el 14,7% del empleo industrial, es decir, que 1 de cada 7 trabajadores fabriles guipuzcoanos desarrolló en 2010 su actividad en empresas industriales de Mondragon. (…) Considerando todas las actividades de la Corporación, a finales de 2010, Mondragon era el primer empleador privado de Gipuzkoa con 17.565 empleos directos, también lo era en Bizkaia con 11.498, segundo en Navarra con 4.018 empleos y tercero en Álava con 2.731 empleos». (0 comentarios)
  4. Primer proyecto de Cartograf

    27 dic 2011

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    Nuestros amigos de Cartograf ya han vendido y entregado su primer proyecto antes de acabar el año: una estupenda contextopedia dentro de sus productos de presencia gestionada en la web. Un primer paso prometedor que no podemos dejar de saludar! (4 Comentarios)
  5. Felicidades y resiliencia para 2012!!

    25 dic 2011

    La postal indiana de Año nuevo de este año ha sido diseñada por nuestra querida y genial Carla Boserman. ¡¡Millones de gracias para ella!! ¡¡Felicidades y resiliencia a todos!! ¡¡«Feliciscencia»!!

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Natalia Fernández, gobernadora del Grupo Cooperativo de las Indias
Bienvenido a la «Bitácora del Arte» el blog de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas, una empresa del Grupo Cooperativo de las Indias dedicada al diseño y desarrollo de nuevos productos. Si buscas conocer más sobre nuestros enfoques, socios y clientes, visita la página del Grupo Cooperativo de las Indias. Esta bitácora está dedicada a reflexionar sobre el futuro del cooperativismo, las nuevas formas de organización del trabajo con democracia económica y las bases de la resiliencia comunitaria. En nuestra visión, pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales.

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