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El Arte de Las Cosas Grupo Cooperativo de Las Indias

Mitos: qué son, para qué sirven y cómo se usan

03 may 2010

Este fin de semana tuvimos un interesante debate sobre el mito y su función comunitaria en el que se vertieron no pocas ideas. Ahora toca ordenarlas.

Un ”’mito”’ es un relato que delimita un conjunto de valores permitiendo su reapropiación y reinterpretación personal. Los mitos trazan por tanto fronteras ideológicas permitiendo una mayor diversidad que los programas, las tesis o los dogmas; son por consiguiente el sustrato de la resiliencia de una comunidad, ya que abren un ”continuo” interpretativo que facilita la evolución y la reinvención sin rupturas ni escisiones.

  1. Mitos impuestos vs mitos comunitarios: No es lo mismo un mito en una comunidad de libre adhesión -como lo son casi todas las reales- que un mito que te viene impuesto (por ej la ideología nacionalista del estado en el que naces). La comunidad de libre adhesión puede aceptarte o rechazarte y es perfectamente legítimo igual que lo es el que tú quieras o no formar parte de ella (pensar lo contrario es como pensar que toda chica que te gusta habría de tener la obligación de ser tu novia). El estado en cambio no debería forzarte a una adhesión ideológica sino aplicar unicamente el muy contractual principio de ciudadanía.
  2. La función del mito: El racionalismo ilustrado opone el mito a la claridad teórica, sin embargo un pensamiento más claro en una comunidad humana quiere decir más homogeneidad y por tanto menos resiliencia. Parecería que para los ilustrados existe una dicotomía entre “vale todo, todos para dentro” (la comunidad abierta universal) o la dogmática del partido marxista donde todo lo que no es obligatorio está prohibido. Hay muchos puntos medios, esa franja de puntos medios es lo que el mito delimita.El mito representa una cierta modestia frente a la superstición subyacente en la Ilustración de una única verdad social perfecta alcanzable mediante la razón. Dejemos espacio al diferente dentro de los valores, que puede que los diferentes seamos nosotros mañana. En una comunidad de libre adhesión, los mitos sirven precisamente para delimitar de manera no dogmática ni reglamentista, sino amplia y con un espacio de diversidad, un conjunto de valores. La alternativa al mito es más rigidez, más norma, más detalle sobre qué significan los valores en cada caso; no menos.
  3. El mito y la fraternidad: Fraternidad no sólo es “gusto por estar juntos“, también es identidad. Identidad es reconocimiento mutuo en valores. Hay dos formas de poner negro sobre blanco los valores para que tengan sentido: o con un relato abierto (un mito alegórico) o con un relato cerrado (un programa, una revelación o una colección de dogmas). Obviamente es preferible el primero, especialmente si se realiza como un proceso consciente y colectivo
  4. La importancia de los mitos en los procesos de crecimiento e integración: Los mitos son formas flexibles de representar valores. Cuando se rechazan los mitos de una comunidad en realidad se están rechazando sus valores, muchas veces de forma realmente intuitiva, inconsciente, por parte del que los rechaza… En esos casos el choque se da en el plano de los mitos precisamente porque el rechazo de fondo no ha sido “racionalizado” todavía. Ahí el mito está cumpliendo su papel de frontera también, evitando sinsabores futuros. En nuestra experiencia comunitaria, cuando no hemos hecho caso a ese rechazo no ya ni siquiera de mitos concretos, sino incluso de la forma de hacer mitopoiesis, diciendo “ya se nos entenderá con la convivencia“, es cuando hemos fraguado verdaderos desastres.En realidad el argumento de la “irracionalidad” de los mitos y su “peligrosidad intrínseca” en este ámbito, no es sino una exigencia encubierta de que las comunidades no puedan “rechazar a nadie“. Esto en si es absurdo porque equivale a que no tengan -o al menos no expresen- identidad diferenciada… es decir a la exigencia de su disolucion.
  5. No hay comunidad sin mitos: Para un antropólogo sería una obviedad y si buscamos no encontraremos una comunidad real o imaginada que no exija sus que sus mitos sean aceptados a los aspirantes a ser reconocidos como parte de ella: sea cualquier comunidad o escuela científica, cualquier comunidad animada por una ideología política (de los verdes a los conservadores) o simplemente el staff de la Harvard Business School… todas tienen sus mitos y todas los usan como frontera. ¿Por qué? Al ser el mito lo único que permite “un continuo“, una autoreinterpretación y reinvención constante, negarlo es simplemente negar toda comunidad no fanática (con un conocimiento que no se pretenda invariante) más allá de la coalición temporal de intereses o la flashmob.Los más racionalistas también tienen que crear mitos, símbolos y hasta ceremoniales… la diferencia es que al negarlos los hacen mal y renunciando a ser dueños conscientes de ellos.
  6. ¿Son totalitarios los mitos?. Otra crítica a los mitos viene de su presunto carácter impuesto, cuasi totalitario. A ello se opone, una vez más, la norma (única y pretendidamente racional). En realidad un mito, como cualquier juego de valores, es aceptable o no para cada uno. Igualmente, como definitorio de una comunidad puede ser cambiado por ella y de hecho son reinterpretados continuamente y continuamente aquí quiere decir “en un continuo”, pues los mitos cumplen esa interesante función además: facilitan la continuidad en la evolución, cosa que los puntos programáticos o los dogmas no, no pueden cambiarse sin trauma porque no permiten la diversidad que lo interpretativo tiene.Por otro lado no existe una correspondencia unívoca entre mitos y valores. Los mitos no sólo explicitan valores, también los interpretan de una forma particular para cada comunidad. Tomemos por ej un “valor” como es el del “ascenso social ligado al mérito”. Está obviamente el mito randiano de John Galt como referencia incuestionable. Ahí lo malo es que te permite unas cosas un tanto terribles frente a los “menos listos”, implica una determinada relación con “subordinados” etc. Dentro de este mito hay muchas variedades obviamente (desde las interpretaciones más duras a las más compasivas). Pero este “valor” también puede ser recogido por otros mitos que lleven a lugares más bien distintos, así nace la familia de mitos ligados a la abundancia de las Indias Electrónicas y unidos a la lógica de enredadera. ¿Es lo mismo que el mundo que abren John Galt y demás relatos randianos? Más bien no.¿Podrían especificarse “puntos“, “conclusiones” en vez de mitos en cada caso? Sí, pero perderíamos [diversidad dentro del conjunto de valores elegido, excluiríamos más y sobre todo cerraríamos de antemano puertas de evolución, convirtiendo esta necesariamente en rupturas, dogmatismo y sectarismo. Por eso seguramente los randianos no sufren un esciciosimo parecido al de los infinitos grupos izquierdistas empeñados en representar el “verdadero” programa de los trabajadores.
  7. Los mitos pueden construirse consciente y colectivamente: El proceso de aparición y formación de mitos (mitopoiesis) depende de la formar de organización de la comunidad. En la comunidad imaginada (la nación, la clase, la raza) el mito nos vendrá impuesto, machadado desde los media, la educación, el partido, el estado o el paraestado de turno.En una comunidad real como la filé, la mitopoiesis es resultado de la deliberación en plurarquía. No es algo emocional o irracional en el sentido opuesto a consciente e inteligente que le dan los ilustrados.Sus efectos han llevado a ampliar visión y valores. Por ejemplo, tras el debate sobre democracia económica hubiera sido muy difícil no restringir nuestro interés por otras formas de emprender distintas del cooperativismo si no nos hubieramos cubierto con el mito del Arte: un mito que equilibra el mito emergente del artesano con en contrapunto del mercader.

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10 Comentarios a “Mitos: qué son, para qué sirven y cómo se usan”

  1. Gonzalo Martín

    La elaboración es elegante, extraordinaria y coherente. Plena de equilibrios sutiles para encontrar los espacios en los que el mito es operativo y bajo qué condiciones. Pero sigo pensando que es un mecanismo que contiene los mismos potenciales e imperfectos problemas de ¿la mente humana? (por tanto, inevitable, me diréis). Es decir, me parece que una construcción coherente y deliberada de mitos no es ni mucho menos inmune al problema de los mitos, que son los que son, quizá porque son un hecho de la existencia y no por el caracter de mito o relato por sí mismo. Otra cosa es que la mecánica de debate y construcción de mitos deliberada sea muy productiva y funcione bien en un entorno concreto, en este caso Las Indias.

    La flexibilidad interpretativa del mito (es decir, el mero hecho de que contiene una historia ambigua), la asignación de una probabilidad inferior de escisión, es la razón que se argumenta para convertirse en un mecanismo “programado” que garantiza la diversidad y no el dogmatismo. No veo ninguna razón para que un mito por flexible e interpretativo que se quiera ver no se transforme en dogma por el mero uso. O por la voluntad de sus usuarios, consciente o no. Y la mera contemplación de las relaciones sociales y humanas nos diría que la conversión de pensamientos en dogmas excluyentes está a la orden del día, se llamen mitos o la competencia por demostrar una teoría matemática.

    El caso de la izquierda es matizable: en la definición de mito que se hace, tan ajustada a mero relato sin componentes tradicionalmente llamados míticos como son los legendarios y heroicos, la izquierda compartió el de la sociedad sin clases como máxima aspiración. La forma de conseguirlo… es lo que genera las divisiones. Y, si miramos al mundo randiano como una especialización de las anarquías o el individualismo liberal, resultaría que participaría de un mito superior – la libertad individual, especialmente frente a la coacción de la comunidad o el estado – igualmente fragmentado y tan repleto de disputas, puede que menos violenta al no tener el mito revolucionario, que el de la izquierda.

    ¿Las comunidades reales no son también imaginadas? Es decir, el hecho de que todos sus miembros se conozcan directamente no implica una elaboración no sólo mítica con los mismas características que las imaginadas, sino que puede convertirse en una mística de la propia comunidad. En mi opinión, el imaginario indiano tiene una formulación de una precisión y una concreción extraordinarias, fruto de un debate verdaderamente racionalista, poco ambiguo y poco dado a interpretaciones erróneas (que no es lo mismo que incomprensiones por desconocimiento o porque el recorrido del debate es muy largo y el que llega tarde se encuentra el relato final, algo parecido a ver una ecuación sin haber pasado por su historia). También, en mi percepción particular (que, obviamente, es particular y no tiene ningún valor porque no es aplicable a mi, tiene que valer a quien lo usa) la parte menos interesante del contexto indiano, que no quiere decir que no sea la más hermosa, es la más “mitificada” en el sentido más legendario del término mito. Es decir, donde hay menos relato y más formulación, hay más fuerza.

    ¿Es la libre adhesión una garantía de buen funcionamiento del mito? ¿No es la libre adhesión un mito en sí mismo que, como sucede con todo mito, en el fondo no es enteramente libre ni enteramente cierta? ¿No es incluso el uso la palabra mito una forma de crear mitos destinada a darle una perdurabilidad muy blindada, verdaderamente programática, de modo opuesto a la flexibilidad de su razón de ser? Legítima, por supuesto, y repleta de condicionantes prácticos.

    Resulta que el gusto por estar juntos no es, como creo que habéis expresado más de una vez, la carencia de vidas diferentes a la que corresponde a la vida de la comunidad “indias”. Sin duda, es difícil e incómodo no tener coherencia de conducta en más de un mundo, pero todos tenemos en la vida más de una forma de relación. Y tenemos relaciones en espacios con gente con la que se comparten unos valores y otros no pero que no tienen que estar en ejercicio conflictivo, no tienen que interactuar entre sí al ejercerse cada uno en espacios diferentes. Aquí el gusto por estar juntos puede funcionar con muy pocos valores comunes sin tener que explicitarlos demasiado pues mantienen el equilibrio de la relación que gusta, existe una ambiguedad y flexibilidad real porque no hay que decirlo. Recrearlos, forzarlos o enunciarlos, tomar una conciencia demasiado obvia de ello, puede contribuir a su desequilibrio: creo que este es el pegamento del que hablamos Versvs y yo.

    En definitiva, percibo que vuestra mitopoiesis, basada en un debate real entre iguales que busca encontrar soluciones y consensos tiene más parecido con el método científico (aunque sea un mito) que con la construcción de puros relatos que justifiquen relaciones de poder o de existencia (ju, qué terminologías me saco). El recurso tan fascinante a la ciencia ficción permite crear ejemplos y explicaciones, pero creo que funcionan mejor como ilustración del debate que como resultado del debate. Y que no sería humano si no contuviera, precisamente, sus debilidades. La cuestión es que parece funcionarios, pero fijémonos como un problema recurrente en estas páginas es cómo se extienden estos mitos a más personas y que es probable que exista una posibilidad de que demasiada enunciación de mitos, por oposición a la experiencia que comentais de la convivencia como un proceso fallido de adquisición de valores, resulte también en una barrera demasiado elevada de acceso. Qué complicados son los equilibrios.

    En fin, he disfrutado un montón con esta discusión.

  2. David de Ugarte

    En realidad Gonzalo, el mito en el sentido indiano es algo muy parecido al story telling que tan popular se está voviendo en el ensayo pulp y hasta en la novela (pienso en Seda de Baricco). La diferencia es seguramente de contenido, las stories de los story tellers suelen ser bastante banales y pueriles (quesos, ratones, ya sabes) y un poco de usar y tirar. Las nuestras están más trabajaillas :)

  3. Gonzalo Martín

    Seguro y sin duda. El caso es que cuando apareció La Meta que creo que fue el primero de estos textos que se hizo popular, mi sensación fue de que aquello era banal y que no hacían falta cien páginas de literatura de consumo para decir lo que podía haber hecho en quince. Y tienen otra ventaja: el autor no solo vende libros, sino que le encargan consultoría :-)

  4. David de Ugarte

    Pues fíjate que he pensado varias veces que si nos vuelven a pedir transformaciones en empresas no comenzaría por las herramientas sino precisamente por crear historias (mitos) chulos que a su vez se ligaran con ceremonias menos cutres que las típicas y símbolos que hablaran más de ellos y de lo que creen ligado a su trabajo y menos del diseñador gráfico que contrataron.

  5. Gonzalo Martín

    Es buena idea. Pero seguramente de complejidad y riesgo extremos: seguramente los tiempos no coinciden con los tiempos del cliente. Ergo no sería el cliente adecuado. En fin, que ya estamos con el arte de rechazar cuentas.

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Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa del Grupo Cooperativo de las Indias. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa especializada en la investigación y desarrollo de formas social y medioambientalmente sostenibles de producción de bienes e infraestructuras. La Bitácora del Arte es una bitácora dedicada a reflexionar sobre los modos comunitarios y sostenibles de trabajar, crear, distribuir y producir, con ella hacemos pública la evolución y los debates sobre nuestro propio modelo organizativo.

Grupo Cooperativo de las Indias
En 2007 la Sociedad de las Indias Electrónicas lanzó feevy, un servicio web en software libre cuyo objetivo era ayudar a hacer más distribuida la blogsfera. Para mantenerlo y desarrollarlo hacía falta una estructura que la empresa no tenía. Por eso el 2 de octubre, en el quinto aniversario de la fundación indiana, Natalia Fernández en representación de las Indias junto con Javier Cañada que había hecho el diseño de interacción, fundaron Feed the Ivy SL. La empresa sirvió de soporte al mantenimiento del servicio y vendió sus propios desarrollos de software libre durante más de un año.

Con la venta de feevy al grupo BBVA a principios de 2009, la empresa comienza el proceso legal de transformación en una cooperativa de trabajo asociado. El objetivo era estudiar y experimentar formas de producción social y mendioambientalmente sostenible. Queríamos producir lo que llamamos el modo de vida indiano sintiéndonos orgullosos del modo y no sólo de los resultados.

Tomamos el nombre de El Arte de las Cosas porque a partir del siglo XI en Europa aparecen gremios de artesanos y coaliciones de mercaderes-productores, conocidos también como Artes. Los distintos artes no eran sólo comuninades técnicas. Eran comunidades de conocimiento que trabajaban desde y para un ideal ético que se ligaba y explicaba desde el hacer y las herramientas del oficio.

Pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales. Queremos ser un Arte, un Arte dedicado a la creación de objetos con significado.

Nuestro símbolo es el símbolo de uno de aquellos Artes, el Arte de la Calimala, los creadores de las primeras redes comerciales medievales transeuropeas. Originalmente tinteros -por eso el águila porta un torsello, un fardo de lana- acabaron creando las formas modernas de la banca y siendo los mecenas del Renacimiento florentino.

Como ellos, nuestra primera exploración la hicimos en el mundo textil. Entre mayo y julio de 2009 vendimos en nuestro local de Madrid una colección de inspiración literaria que habíamos producido en pequeños talleres independientes valencianos. Tras esta primera experiencia, el 18 de septiembre de 2009, Feed the Ivy SL se transformó ante notario en cooperativa de trabajo asociado, pasando a llamarse Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas. Los tres socios “refundadores” fueron Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte.

Ese fue nuestro verdadero punto de arranque, un momento que vino a coincidir con el momento más duro de la crisis económica. Comenzamos entonces un proceso de reflexión sobre las formas de trabajo y organización que pudieran hacer aún más resilentes a las comunidades y empresas regidas según principios de democracia económica.
Es a esa reflexión a la que queremos invitarte con en esta Bitácora del Arte.

El 9 de febrero de 2010 decidimos en asamblea formar junto a Sociedad de las Indias Electrónicas el Grupo Cooperativo de las Indias, dentro del cual el papel de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas consistirá en proveer al grupo de un nodo específico de investigación y desarrollo de productos, haciendo además de casa-taller de los nuevos indianos e “incubadora” de nuevas cooperativas especializadas.

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