Los últimos días de Nazca y el ocaso de los sistemas socioeconómicos
03 nov 2009
Una reciente investigación arqueológica que profundiza las causas del colapso de la cultura Nazca, nos invita a reflexionar sobre los límites invisibles del crecimiento, la sostenibilidad y la escalabilidad de lo que un día fue innovación tecnológica y luego se convirtió en huesos y tendones del modo de organización social.
Durante mucho tiempo se achacó la súbita desaparición (súbita en términos históricos) de la cultura Nazca a una manifestación inusualmente violenta del fenómeno del Niño alrededor del año 500 Ec.
Sin negar esta hipótesis una reciente investigación de arqueólogos de la Universidad de Cambridge pone el acento sin embargo en las dinámicas de crecimiento del propio sistema agrario nazca.
Los innovadores sistemas de riego de la cultura Nazca fueron la base de su auge económico. Este avance tecnológico hizo posible la explotación agraria intensiva en un entorno árido, generando urbanización, comercio y una sociedad relativamente cohesionada y próspera.
El sistema era en condiciones normales no sólo sostenible, sino aparentemente escalable. Por eso, como algunos regantes hoy, pensaron que cada gota de agua que caía al mar era, en realidad, riqueza perdida. Con los años -y esto es lo que demuestra el estudio de los arqueólogos británicos- fueron talando los bosques costeros de huarango para ganar tierras cultivables y aumentar los regadíos.
Pero tras seiscientos años de éxito continuado ocurrió algo inesperado: un verdadero diluvio acompañado de vientos huracanados barrió la región durante semanas en una manifestación extrema del fenómeno del Niño. Sin la protección de los bosques, la erosión de las tierras y el daño en el sistema de canales resultaron irreparables.
El esquema del auge y caída de Nazca es sencillo: una innovación tecnológica permite un crecimiento aparentemente sostenible y escalable; sin embargo, un fenómeno catastrófico y exógeno muestra, cuando ya es demasiado tarde, que hacía tiempo se había traspasado una barrera invisible que no permitirá volver a levantar cabeza.
El punto débil no está, obviamente en la innovación tecnológica en si misma, sino en la dificultad para descubrir su punto de criticidad, aquel momento en el que seguir haciendo lo mismo que hasta entonces nos permitió crecer pone en peligro el edificio social entero.
Una reflexión necesaria que no parece inoportuna en estos días.




El libro de Jared Diamond, Collapse, detalla muchos casos parecidos en los que los avances tecnológicos permitieron aumentos importantes de población que acabaron sobrepasando el límite de un sistema que se iba degradando debido, sobretodo, a la deforestación progresiva y a la erosión.
El problema no es sólo sobrepasar el límite, es que, a veces, cuando ciertas prácticas están muy arraigadas en la cultura, es difícil aplicar los cambios sociales y tecnológicos que eviten la degradación del ecosistema. Así, muchas veces, el límite crítico que mencionas es modificado, haciendo la sociedad menos resiliente. Hasta que llega la estacada que obliga a reducir drásticamente la población (guerra, enfermedad) y a bajar fuertemente el nivel de vida.
Es importante aprender de las crisis ecológicas del pasado.