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Los primeros mercaderes: fraternidad, viaje y libertad

12 ago 2010

Unas citas de Pirenne sobre el origen de los mercaderes europeos que no pueden resultar más inspiradoras.

En las Indias hemos comenzado a coordinar nuestras lecturas de libros nuevos, organizándolas por temas en una suerte de itineario interno cuyo objetivo es alimentar y documentar la deliberación. El primer libro del debate que estamos abriendo ahora es del maestro Pirenne. Dificilmente podría resultar una lectura más emocionante. Rescato algunas citas de uno de los capítulos, el dedicado a las formas y naturaleza de los primeros comerciantes europeos:

Las «hermandades», las «caridades» y las «compañías» mercantiles de los países de lengua románica son exactamente análogas las gildes y hanses de las regiones germánicas. Existe incluso una organización parecida en Dalmacia. Lo que ha dominado a la organización económica no son de ninguna manera los «genios nacionales», son las necesidades sociales. Las instituciones primitivas del comercio fueron tan cosmopolitas como las feudales.

Pero no hay que imaginar al gran mercader veneciano de siglos posteriores. La fraternitas mercatorum es todavía poco más que una banda

Las fuentes nos permiten hacernos una idea exacta de las agrupaciones comerciales que, a partir del siglo X, son cada vez más numerosas en la Europa occidental. Hay que imaginarlas como bandas armadas cuyos miembros, provistos de armas y espadas, rodean a los caballos y a las carretas cargadas de sacos, fardos y toneles.

Aparecen ya el gonfaloniero y el comites mercatorum, pero sobre todo la fraternitas, los votos que unen a los mercaderes errantes entre si:

A la cabeza de la caravana marcha “su” portaestandarte. Un jefe, el Hansgraf o Deán, asume el mando de la compañía, la cual se compone de «hermanos» unidos entre sí por un juramento de fidelidad. Un espíritu de estrecha solidaridad anima a todo el grupo. Las mercancías son, según parece, compradas y vendidas en común y los beneficios repartidos en proporción a la aportación hecha por cada uno a la asociación.

La clave del crecimiento es el comercio a larga distancia, romper las fronteras no sólo políticas sino también económicas y culturales. Abrir mundos.

De la misma manera que la navegación de Venecia y de Amalfi y, más tarde, la de Pisa y Genova realiza desde un principio travesías de largo alcance, los mercaderes del continente se pasan la vida vagabundeando por vastas zonas. Era para ellos el único medio de conseguir beneficios considerables. Para obtener precios elevados era necesario ir a buscar lejos los productos que se encontraban allí en abundancia, a fin de poder revenderlos después con provecho en aquellos lugares en los que su escasez aumentaba el valor. Cuanto más alejado era el viaje del mercader
tanto más provecho sacaba. Y se explica sin dificultad que el afán de lucro fuera tan poderoso como para contrarrestar las fatigas, los riesgos y los peligros de una vida errante y expuesta a todos los azares.

Un modo de vida que no podía sino resultar al mismo tiempo ajeno y hostil, pero también necesario a los poderes y la moral de la época:

Salvo en invierno, el comerciante de la Edad Media está permanentemente en ruta. Los textos ingleses del siglo XII le llaman pintorescamente con el nombre de «pies polvorientos» (pedes pulverosi). Este ser errante, este vagabundo del comercio, debía sorprender, desde el principio, por lo insólito de su tipo de vida a la sociedad agrícola con cuyas costumbres chocaba y en donde no le estaba reservado ningún sitio. Suponía la movilidad en medio de unas gentes vinculadas a la tierra, descubría, ante un mundo fiel a la tradición y respetuoso de una jerarquía que determinaba el papel y el rango de cada clase, una mentalidad calculadora y racionalista para la que la fortuna, en vez de medirse por la Condición del hombre, sólo dependía de su inteligencia y de su energía. No podemos sorprendernos, pues, si produjo escándalo. La nobleza no tuvo más que desprecio para aquellos advenedizos, cuya procedencia era desconocida y cuya insolente fortuna resultaba insoportable. Se encolerizaba al verlos con mayores cantidades de dinero que ella misma; se sentía humillada por tener que recurrir, en momentos difíciles, a la ayuda de estos nuevos ricos.

En cuanto al clero, su actitud con respecto a los comerciantes fue aún más desfavorable. Para la Iglesia la vida comercial hacía peligrar la salvación del alma. El comerciante, dice un texto atribuido a San Jerónimo, difícilmente puede agradar a Dios.

Y es que el mercader es un libero que rompe la escala social, un advenedizo hijo de siervos que mejora sin mejorar su sangre:

La condición jurídica de los comerciantes terminó por proporcionarles, en esta sociedad en la que por tantos motivos resultaban originales, un lugar completamente peculiar. A causa de la vida errante que llevaban, en todas partes eran extranjeros. Nadie conocía el origen de estos eternos viajeros. La mayoría procedían de padres no libres a los que habían abandonado desde muy jóvenes para lanzarse a la aventura. Pero la servidumbre no se prejuzga: hay que demostrarla. El derecho instituye que necesariamente es hombre libre aquel que no se le puede asignar un amo.

Sucedió, pues, que hubo que considerar a los comerciantes, la mayoría de los cuales eran indudablemente hijos de siervos, como si hubiesen disfrutado siempre de libertad. De hecho, se liberaron al desarraigarse del suelo natal. En medio de una organización social en la que el pueblo estaba vinculado a la tierra y en la que cada miembro dependía de un señor, presentaban el insólito espectáculo de marchar por todas partes sin poder ser reclamados por nadie. No reivindican la libertad: les era otorgada desde el momento en que era imposible demostrarles qué no disfrutaban de ella. La adquirieron, por decirlo de alguna manera, por uso y por prescripción. En resumen, al igual que la civilización agraria había hecho del campesino un hombre cuyo estado habitual era la servidumbre, el comercio hizo del mercader un hombre cuyo estado habitual era la libertad.

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10 Comentarios a “Los primeros mercaderes: fraternidad, viaje y libertad”

  1. fer

    Transnacionalización o muerte! Venderemos!!
    :)

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  2. RafaSalmoral

    Hola David!
    Sin duda la tesis de Pirenne siempre resultó muy sugerente pero en muchos de sus aspectos, sobre todo en lo referente al “cierre” islámico del Mediterráneo y la profunda agrarización de la sociedad resultante de ello fue desmontada por muchos autores solventes desde hace ya tiempo.
    En cualquier caso hay en elemento de la tesis que es bien válido, aunque deberíais (deberíamos) usar a otros medievalistas, para la construcción del mito del comerciante-mercader y sus compañías. Por cierto… dentro de estos habría que incluir a múltiples mercaderes musulmanes que desde al-Andalus realizaban el mismo tipo de función, con mucho más riesgo y a los que se les daba un estatus y reconocimiento que en el occidente cristiano tardó unos cinco siglos en obtener.
    En todo caso este post en el que indicas que abrís una nueva vía en la mítica y mística de las Indias, como medievalista que ¿fui? que ¿aún soy? me ha hecho salivar.
    Gracias.

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    • David de Ugarte

      :D Gracias!! A poco que os dejéis os explotamos como consejeros históricos porque como ha pillado muy bien Rafa, el objetivo es construir un mito del “comerciante-mercader” generador de sentido y ánimo. Luis, me pongo a buscar libros disponibles de Braudel. ¿Alguno por el que empezar?. Por cierto: ¿Podéis recomendarnos bibliografía sobre gremios y mercaderes en al Andalus? Metimos una parte sobre eso pero no os creáis que encontramos mucho más allá de comentarios a Ibn Jaldún… ¿Algún libro clave?

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  3. Luis

    Estoy de acuerdo con Rafa en que donde se equivoca Pirenne es en el cierre del comercio Mediterráneo como resultado de su islamización, pero lo interesante es la vía que abrió para desmontar el lugar común del fin del comercio medieval tras Roma. Otros lo llevaron aún más allá para demostrar que el tráfico comercial del mare nostrum realmente siguió. En cualquier caso un gran nombre de la historiografía del siglo XX. ¿Habéis incluido-si no lo sugiero – a Braudel en vuestro itinerario interno?

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  4. RafaSalmoral

    Estamos para esto! Para ofrecer la ayuda y consejos que sean precisos! Siempre encantado de ayudar y espero poderlo hacer muuuuchas más veces!
    Lo que pides es un poquito difícil. Se ha estudiado muy poco sobre diversos aspectos de la historia hispana de al-Andalus. En nuestros departamentos universitarios medievales contamos con un serio handicap, sobre todo mental, para estudiar según qué cosas (sirva yo mismo como ejemplo: cordobés, medievalista y me tuve que especializar en el mundo rural de final del s. XV, como si no hubiese ya bastantes).
    En todo caso te oriento un poquito con un par de generalidades. Hay que tener en cuenta que los musulmanes, frente a los cristianos, tienen ya de inicio el MITO -sí, con mayúsculas- construido muy a la mano: Mahoma era mercader, ergo todo lo relacionado con el comercio, la figura del mercarder y su labor estaba protegido, legitimado y en algunos puntos magnificado. De ahí la importancia de los zocos, la defensa de los mercaderes, las caravanas, preocupación por la construcción de caravasares y funduqs… Es decir, disponen de toda una infraestructura física y mental que los promociona a una figura importante y destacada en la sociedad. Y ello ya en el s. VIII y en una parte de Europa como puede ser la propia península ibérica. Todavía en el resto de Europa habrá que esperar al renacimiento del s. XII para que se comiencen a atisbar elementos de este cariz.
    En cuanto a bibliografía… ya he dicho que no hay mucha, aconsejo los dos de más abajo. Uno por lo provocador que es M. Barceló (un genio y un comunicador) y de Constable por tratar el tema exactamente (aunque no me guste la historiografía anglosajona). Y además sería interesante por la escenificación de la figura del mercader el inicio de una novela como León el Africano. En el primer tercio del libro se puede aprender más sobre la figura del mercader y las caravanas del desierto que en las letras de muchos profesores universitarios.

    Miquel Barceló, El sol que salió por occidente. Estudios sobre el estado Omeya en al-Andalus, Jaén, Universidad de Jaén, 1997
    Olivia R. Constable, Comercio y comerciantes en la España musulmana. La reordenación comercial de la Península Ibérica del 900 al 1500, Barcelona, Omega, 1997.

    Disculpas por lo extenso del hilo!!!!!

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    • David de Ugarte

      Todo lo contrario!! Muchísimas gracias!! Lo único que me preocupa es que siendo ediciones de los 90 no podamos comprarlas. Así que se tratará de encontrar algún ejemplar que tenga alguien y picarlo todo o al menos los capítulos centrales. ¿Un paralelismo con el beato de Liebana en la era digital? Eso me temo. La mal llamada [[propiedad intelectual]] está haciendo tanto daño como el fin de los circuitos literarios en el siglo VII… Lo que se me ocurre es llamar a la Universidad de Jaen y preguntar si en el departamento de publicaciones les queda alguno. El “León el africano” de Maalouf en cambio no hay problemas, ya está en nuestra biblio y lo incorporo ahora mismo! Gracias un millón!!

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