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El Arte de Las Cosas Grupo Cooperativo de Las Indias

Filés para suecos anglófonos

05 ene 2010

Apuntes en español para la presentación del concepto de filé en el mundo anglófono escrito a petición de un ezine ciberpunk sueco

Internet es el gran frasco de esteroides de este siglo. Toma la ética de los solitarios hackers de la Ivy League de los 80 y ponla en red: en 15 años obtendrás Linux, firefox, la música libre, el movimiento por el Dominio Público y el fin de la vieja industria cultural. Toma las viejas BBS, las revistas de hobbys y las fiestas de fans, internetízalas y tendras la mayor explosión de comunidades conversacionales desde la Torre de Babel.

Las conversaciones cuando se dan en lenguas como el francés, el español o el árabe se convierten fácilmente en transnacionales. De cada 5 personas que encuentres escribiendo en francés en Internet sólo 2 estarán en Francia. Más de la mitad de los lectores de cualquier sitio madrileño con más de 1000 visitantes por día está en América Latina. El árabe en Occidente ha pasado en diez años de ser una lengua religiosa superpuesta a lenguas regionales derivadas y casi incomprensibles entre si (marroquí, argelino, etc.) a tener un estandar que reunifica poco a poco a los dialectos locales: el árabe de Aljazeera.

Las comunidades virtuales se dan en nuevos espacios, los de las diferentes globalizaciones asociadas a las grandes lenguas transnacionales. Sus protagonistas pertenecen a dos generaciones formadas ya en la ética hacker de Himanen: la lógica de la abundancia de la red, la ética del trabajo del software libre, son el cemento de la blogsfera. Resultado: comunidades conversacionales, tribus identitarias transnacionales, no jerarquizadas y basadas en el poderoso incentivo del reconocimiento.

Coloquemos estas comunidades en el torbellino de un mundo donde los estados nacionales hacen aguas y la globalización de la economía erosiona todas las viejas buenas instituciones que daban seguridad a las personas. Muchas de ellas querrán tener su propia economía, empresas comunitarias, un fondo común.

Los ciberpunks españoles pasaron del ciberactivismo y la literatura a formar un grupo de empresas cooperativas con una pata en Sudamérica y otra en Madrid. Sus nuevas banderas: democracia económica, resiliencia y transnacionalidad. Cambiaron de nombre: ahora son conocidos como “indianos”, la palabra española que nombraba al emigrante que volvía a su pueblo tras hacer fortuna en América. Solo que su América ha sido Internet y sus negocios se extienden desde la consultoría a la producción sostenible o el desarrollo local.

En los mismos años, los muridíes, los viejos sufíes pacifistas de Senegal, pasaron del discurso nacionalista y el cultivo del cacahuete a representar una red comercial comunitaria con dos millones de miembros que se extiende de Sudáfrica a Italia. Su transformación aún no ha terminado, pero los jóvenes muridís han convertido las dairas, viejas escuelas coránicas, en comunas urbanas que son además células de negocio.

Aparentemente no hay nada más diferente de los ciberpunks que los muridíes. Pero el paralelismo es significativo: no se trata de empresas vinculadas a una comunidad, sino de comunidades transnacionales que se han dotado de empresas para darse continuidad en el tiempo y solidez. Son filés.

Las filés pueden tener un funcionamiento democrático y basarse en cooperativas como los indianos o una estructura de pequeñas empresas y e incluso una ideología de inspiración religiosa como los muridíes. Pero tienen en común dos elementos clave: poseer una identidad transnacional y supeditar sus empresas a las necesidades personales y comunitarias.

Las filés son “atractores de orden” en un ámbito al que los estados no llegan conceptualmente y en zonas que estos dejan cada vez más oscuras: las filés invierten en cohesión social, en algún caso hasta crean infraestructuras, becan y forman gente, tienen sus propias ONGs. Pensando de forma transnacional acceden a los nuevos negocios de la globalización antes que nadie. La cartera de inversiones de una filé puede ir de las energías renovables a las PMCs, del software libre a las cooperativas de crédito. Su apuesta se basa en dos ideas: que lo transnacional es más potente que lo internacional, y que en un mercado global la comunidad es más resiliente que la empresa capitalista “clásica”.

Ganar una apuesta en el mundo ciberpunk y postmoderno que vivimos no es otra cosa que resistir y prosperar. Para hacerlo hay que pertenecer realmente a este mundo, amar verdaderamente sus fronteras. Las filés son hijas de sus exploradores: del software libre, las comunidades virtuales, el ciberactivismo y la globalización de los pequeños. Tal vez por eso, están ganando indudablemente su apuesta.


Ver también: Introducción a las filés en inglés

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6 Comentarios a “Filés para suecos anglófonos”

  1. Aleix Cabarrocas

    Creo que la lógica distributiva no solo beneficia las grandes lenguas transnacionales -como herramienta de entendimiento-, sino que también amplia los espacios comunicativos de otras lenguas de menor alcance, hace públicas y accesibles lenguas desaparecidas, para fines diversos, e incluso fomenta la aparición de nuevas variedades. No destacar estos fenómenos aquí me parece un error, en la medida que es precisamente la lógica de la abundancia quién los hace posibles. Que una lengua tenga más espacio en la red no afecta el espacio de las demás. Optar por una lengua en un determinado momento, ya no significa renunciar a las demás. Puede parecer una afirmación simple, pero me parece un escenario realmente nuevo e interesante.

  2. Luis

    Magnífico! para enmarcar
    Abrazos

  3. David de Ugarte

    Lo que quería señalar Aleix, es que a diferencia de lenguas como el finés. donde Internet ha producido comunidades que se daban en el seno de la comunidad nacional imaginada y por tanto no han cuestionado nada, en lenguas transnacionales como el latoc, el árabe o el francés, esto ha sido evidente.

    No tiene nada que ver con el tamaño, hay “lenguas pequeñas” como el rumano que empiezan a experimentar algo parecido y lenguas “grandes” como el chino donde la experiencia transnacional no está resultando significativa dentro del conjunto de comunidades generadas. La clave no está en el tamaño sino en la transnacionalidad.

  4. Aleix Cabarrocas

    Creo que el caso del rumano, o el catalán, reflejan bien lo que quería expresar en el otro comentario. Es decir, son lenguas obviamente de menor alcance, pero experimentan también fenómenos transnacionales interesantes, gracias a la red. El rumano debido, seguramente, a los altos flujos migratorios que han desterritorializado su uso, y el catalán, principalmente, porqué su espacio comunicativo está dividido entre varios países, como en el caso del latoc. Entiendo, en cambio, que el finés no experimente realidades transnacionales, en las circumstancias actuales, como bién dices. En definitiva -y es aquí dónde quería llegar en mi primer comentario-, creo que deberíamos prestar más atención a todo ejemplo de transnacionalidad, sea cual sea su alcance absoluto.

  5. David de Ugarte

    Completamente de acuerdo, otra cosa es que para los suecos resulten más claros los ejemplos del árabe, el francés y el español que el del catalán o el turco… tampoco los iba a poner todos :)

  6. David de Ugarte

    Aunque ahora que lo pienso Aleix, no tengo nada claro que el catalán o el vasco sean lenguas transnacionales, en la medida en que lo que el nacionalismo catalán considera nación coincide con el ámbito mismo de la lengua (cosa que no pasa con el árabe, el francés o el español).

    Otra cosa sería un ámbito más amplio con otras lenguas del mismo grupo lingüístico, muy cercanas y con intercomprensibilidad entre ellas como ¿el sardo? ¿el occitano?

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Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa del Grupo Cooperativo de las Indias. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa especializada en la investigación y desarrollo de formas social y medioambientalmente sostenibles de producción de bienes e infraestructuras. La Bitácora del Arte es una bitácora dedicada a reflexionar sobre los modos comunitarios y sostenibles de trabajar, crear, distribuir y producir, con ella hacemos pública la evolución y los debates sobre nuestro propio modelo organizativo.

Grupo Cooperativo de las Indias
En 2007 la Sociedad de las Indias Electrónicas lanzó feevy, un servicio web en software libre cuyo objetivo era ayudar a hacer más distribuida la blogsfera. Para mantenerlo y desarrollarlo hacía falta una estructura que la empresa no tenía. Por eso el 2 de octubre, en el quinto aniversario de la fundación indiana, Natalia Fernández en representación de las Indias junto con Javier Cañada que había hecho el diseño de interacción, fundaron Feed the Ivy SL. La empresa sirvió de soporte al mantenimiento del servicio y vendió sus propios desarrollos de software libre durante más de un año.

Con la venta de feevy al grupo BBVA a principios de 2009, la empresa comienza el proceso legal de transformación en una cooperativa de trabajo asociado. El objetivo era estudiar y experimentar formas de producción social y mendioambientalmente sostenible. Queríamos producir lo que llamamos el modo de vida indiano sintiéndonos orgullosos del modo y no sólo de los resultados.

Tomamos el nombre de El Arte de las Cosas porque a partir del siglo XI en Europa aparecen gremios de artesanos y coaliciones de mercaderes-productores, conocidos también como Artes. Los distintos artes no eran sólo comuninades técnicas. Eran comunidades de conocimiento que trabajaban desde y para un ideal ético que se ligaba y explicaba desde el hacer y las herramientas del oficio.

Pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales. Queremos ser un Arte, un Arte dedicado a la creación de objetos con significado.

Nuestro símbolo es el símbolo de uno de aquellos Artes, el Arte de la Calimala, los creadores de las primeras redes comerciales medievales transeuropeas. Originalmente tinteros -por eso el águila porta un torsello, un fardo de lana- acabaron creando las formas modernas de la banca y siendo los mecenas del Renacimiento florentino.

Como ellos, nuestra primera exploración la hicimos en el mundo textil. Entre mayo y julio de 2009 vendimos en nuestro local de Madrid una colección de inspiración literaria que habíamos producido en pequeños talleres independientes valencianos. Tras esta primera experiencia, el 18 de septiembre de 2009, Feed the Ivy SL se transformó ante notario en cooperativa de trabajo asociado, pasando a llamarse Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas. Los tres socios “refundadores” fueron Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte.

Ese fue nuestro verdadero punto de arranque, un momento que vino a coincidir con el momento más duro de la crisis económica. Comenzamos entonces un proceso de reflexión sobre las formas de trabajo y organización que pudieran hacer aún más resilentes a las comunidades y empresas regidas según principios de democracia económica.
Es a esa reflexión a la que queremos invitarte con en esta Bitácora del Arte.

El 9 de febrero de 2010 decidimos en asamblea formar junto a Sociedad de las Indias Electrónicas el Grupo Cooperativo de las Indias, dentro del cual el papel de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas consistirá en proveer al grupo de un nodo específico de investigación y desarrollo de productos, haciendo además de casa-taller de los nuevos indianos e “incubadora” de nuevas cooperativas especializadas.

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