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El Arte de Las Cosas Grupo Cooperativo de Las Indias

El secreto veneciano y el cortex prefrontal

30 nov 2009

Símbolos, ritos y ceremonias responden a necesidades humanas consustanciales a la capacidad de nuestra especie para organizarse socialmente y evolucionar culturalmente. Cuando demandamos cohesión a un grupo o sistema político, también estamos demandando un ceremonial en el que podamos representarnos e identificarnos con un significado y un propósito.

En el mundo renacentista y barroco Venecia se convirtió en el referente del republicanismo no tanto porque su complejo sistema político generara por si mismo deseos de emulación, sino porque la república veneciana había ganado su título de Serenissima demostrando una estabilidad política y social desconocida en otros sistemas de gobierno. Hoy los académicos señalan el mito veneciano y su extenso sistema de ceremonias y rituales civiles como uno de los principales, si no el más robusto de los pilares de la serenidad republicana. Como resultado, más de siete siglos de libertá republicana, es decir, independencia respecto al papado, los emperadores y las diferentes potencias emergentes en cada época.

La deificación de la propia ciudad a través de la identificación del origen del poder con el propio San Marcos, la consolidación de una liturgia de estado en torno al apostol y su basílica y todo un calendario de desfiles estamentales y festivales socioreligiosos, consolidaron el mito republicano y moldearon tanto el patriotismo de los venecianos como la política de sus instituciones.

La fórmula mágica de la resiliencia veneciana parte de una mitología que desarrolla un denso conjunto simbólico que a su vez es revivido una y otra vez en ceremonias y rituales de todo tipo. Se trata de toda una maquinaria social de autorrepresentación que permitirá la evolución de la identidad veneciana sin mayores discontinuidades, sujetando los conflictos internos y el gobierno de un modo tan efectivo como el complejo orden constitucional que legitimaba.

La necesidad del rito y la ceremonia

Los humanos no sólo estamos dotados de una especial capacidad simbólica, intimamente ligada a ella toda una parte de nuestro cerebro está consagrada a la elaboración y asunción de rituales. Capacidad simbólica, emocionalidad, lenguaje, fantasía y rito son habilidades que aparecen en nuestra especie como parte de una potente caja de herramientas que nos posibilitó dar el salto de la manada a la tribu y en consecuencia de la evolución genética a la evolución cultural.

En cada uno de nosotros esas habilidades no viven sólo como potencialidad sino como una necesidad cuyo desarrollo perseguimos. En realidad evaluamos un entorno social por el espacio que ofrece a todas ellas y sólo el racionalismo más recalcintrante de la Modernidad tardía ha pretendido que nos olvidemos de nuestra ritualidad, sin por supuesto acabar con ella, pero relegándola a un rol vergonzante, del todo similar al reservado para la sexualidad y la emocionalidad por las primeras ideologías modernas.

Pero nuestra necesidad ceremonial, como la sexual o la emocional no es un resto de irracionalidad animal ni un comportamiento infantil generador de oscuras supersticiones. En Filés ya señalamos como el simbolismo y la ritualidad gremial contribuyeron sustancialmentte a dotar de sentido al modo de vida de los talleres artesanos. La estabilidad y cohesión veneciana nos da una pista más.

Nuestra necesidad de sentido, de generar significación a través de la elaboración de abstracciones, se complementa con la capacidad para ligar esas mismas abstracciones, mediante el rito y la ceremonia a la cotidianidad. En el proceso individuo, comunidad y propósito se cohesionan y comprenden como un único par significado-significante.

La dinámica individuo-comunidad es un programa que corre no en un místico ser colectivo imaginado, sino distribuido en los cerebros de cada uno de nosotros. Los humanos tenemos una profunda percepción de nuestra individualidad, que anima la diversidad y por tanto la innovación y la abundancia de opciones evolutivas en nuestras culturas, pero al mismo tiempo tenemos una poderosa necesidad de identificación grupal y significado que nos refiere una y otra vez a la comunidad real como vehículo y objetivo de nuestra supervivencia.

Por eso, cuando demandamos cohesión a un grupo o sistema social o político, no sólo estamos demandando una materialidad, sino un ceremonial en el que podamos representarnos e identificarnos de manera consciente con un significado social que atribuir y materializar en la comunidad en la que nos desarrollamos.

Para ser satisfactorio, ese significado ha de expresarse de un modo lo suficientemente amplio, incluso ambiguo, como para permitir de modo efectivo representar a la comunidad real, diversa por definición. Por eso, para que quepan todos, se ha de expresar como un conjunto simbólico y ordenarse no en axiomas y preceptos sino en cuentos, en una mitología. El mensaje que demandamos a un sistema es un espacio de valores, un conjunto de actitudes, más que una línea o un grupo concreto de reacciones.

De Venecia a hoy

El secreto de la serenidad veneciana, el poder de sus rituales y ceremonias, recuperado hoy por los académicos, no es otro que haber ligado con éxito la civilidad a una forma concreta de socialización e interacción política articulada en un continuo de prácticas ceremoniales. La sabiduría de estas formas residía en que satisfacían la necesidad de identificación de los venecianos con un ideal de la virtú en el que podían representar su modo de vida. Como consecuencia sentían la oportunidad de materializarlo en su propio trabajo y en el ejercicio de sus responsabilidades institucionales. El sistema de valores venecianos se cerraba así en un circuito que reafirmaba tanto a las personas como a la estructura que las unía en una dinámica evolutiva común.

Hoy la empresa, entendida como el espacio social del trabajo, intenta redefinirse comunitariamente buscando formas de trascendencia ligadas a los objetivos, al propósito. Pero tal vez el propósito no sea sólo un programa más o menos racional y finito de objetivos o acciones, sino que requiera, para que sintamos que lo vivimos, un conjunto de compromisos comunitarios y personales continuamente renovados a través de un ceremonial simbólico cotidiano.

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1 comentario a “El secreto veneciano y el cortex prefrontal”

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  1. ¿Ceremonialidad o religiosidad?

    [...] enlaces de divulgación científica sobre el cortex prefrontal para dar contexto al post de ayer en el Arte, me llamó la atención la confusión constante en los artículos entre ceremonialidad y [...]

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Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa del Grupo Cooperativo de las Indias. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa especializada en la investigación y desarrollo de formas social y medioambientalmente sostenibles de producción de bienes e infraestructuras. La Bitácora del Arte es una bitácora dedicada a reflexionar sobre los modos comunitarios y sostenibles de trabajar, crear, distribuir y producir, con ella hacemos pública la evolución y los debates sobre nuestro propio modelo organizativo.

Grupo Cooperativo de las Indias
En 2007 la Sociedad de las Indias Electrónicas lanzó feevy, un servicio web en software libre cuyo objetivo era ayudar a hacer más distribuida la blogsfera. Para mantenerlo y desarrollarlo hacía falta una estructura que la empresa no tenía. Por eso el 2 de octubre, en el quinto aniversario de la fundación indiana, Natalia Fernández en representación de las Indias junto con Javier Cañada que había hecho el diseño de interacción, fundaron Feed the Ivy SL. La empresa sirvió de soporte al mantenimiento del servicio y vendió sus propios desarrollos de software libre durante más de un año.

Con la venta de feevy al grupo BBVA a principios de 2009, la empresa comienza el proceso legal de transformación en una cooperativa de trabajo asociado. El objetivo era estudiar y experimentar formas de producción social y mendioambientalmente sostenible. Queríamos producir lo que llamamos el modo de vida indiano sintiéndonos orgullosos del modo y no sólo de los resultados.

Tomamos el nombre de El Arte de las Cosas porque a partir del siglo XI en Europa aparecen gremios de artesanos y coaliciones de mercaderes-productores, conocidos también como Artes. Los distintos artes no eran sólo comuninades técnicas. Eran comunidades de conocimiento que trabajaban desde y para un ideal ético que se ligaba y explicaba desde el hacer y las herramientas del oficio.

Pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales. Queremos ser un Arte, un Arte dedicado a la creación de objetos con significado.

Nuestro símbolo es el símbolo de uno de aquellos Artes, el Arte de la Calimala, los creadores de las primeras redes comerciales medievales transeuropeas. Originalmente tinteros -por eso el águila porta un torsello, un fardo de lana- acabaron creando las formas modernas de la banca y siendo los mecenas del Renacimiento florentino.

Como ellos, nuestra primera exploración la hicimos en el mundo textil. Entre mayo y julio de 2009 vendimos en nuestro local de Madrid una colección de inspiración literaria que habíamos producido en pequeños talleres independientes valencianos. Tras esta primera experiencia, el 18 de septiembre de 2009, Feed the Ivy SL se transformó ante notario en cooperativa de trabajo asociado, pasando a llamarse Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas. Los tres socios “refundadores” fueron Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte.

Ese fue nuestro verdadero punto de arranque, un momento que vino a coincidir con el momento más duro de la crisis económica. Comenzamos entonces un proceso de reflexión sobre las formas de trabajo y organización que pudieran hacer aún más resilentes a las comunidades y empresas regidas según principios de democracia económica.
Es a esa reflexión a la que queremos invitarte con en esta Bitácora del Arte.

El 9 de febrero de 2010 decidimos en asamblea formar junto a Sociedad de las Indias Electrónicas el Grupo Cooperativo de las Indias, dentro del cual el papel de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas consistirá en proveer al grupo de un nodo específico de investigación y desarrollo de productos, haciendo además de casa-taller de los nuevos indianos e “incubadora” de nuevas cooperativas especializadas.

Bitácora del Arte

Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas
Barco 37 - 28004 - Madrid

CIF F-85220861