Ya somos 1489 suscriptores de la RSS indiana. ¡Únete! RSS indiana

El Arte de Las Cosas Grupo Cooperativo de Las Indias

De la resiliencia al cambio social

04 ago 2009

Los teóricos más interesantes del mundo red en el anglomundo miran al decrecionismo y sus pueblos de transición como posibles protagonistas de un cambio global desde la comunidad. ¿Es viable? ¿Es la única alternativa?

Resiliencia es una de esas palabras latinas que nos llegan de nuevo tras su paso por el inglés de la mano de ciencias tan diversas como la psicología o la ingeniería. Resilī́re es el verbo latino para rebotar, saltar de nuevo o retornar de un salto. Resiliencia no es resistencia, es capacidad instantánea de recuperación y redefinición.

Kevin Kelly se preguntaba el otro día cuando y por qué el desarrollo de una tecnología pasaba a responder a la ley de Moore. A partir de ahí John Robb sacaba algunas ideas sobre cómo una comunidad/cultura/sistema podría comenzar a crecer y desarrollarse según leyes potenciales. Su idea matriz es sencilla:

La única expectativa realmente subversiva ahí fuera es una bifurcación/ fase de cambio socioeconómica conducida por la emergencia de comunidades resilientes

De la resiliencia a la explosión social

Robb esboza tres condiciones a partir de las cuales la resiliencia local podría convertirse facilmente en explosión social:

  1. Uso de tecnologías que permitan la escalibilidad hacia abajo de modo que el metabolismo económico comunitario pueda ser lo más completo posible.
  2. Las nuevas creencias y el tipo de procesos que impulsan deben multiplicar la productividad a nivel local.
  3. Saber esquivar las restricciones insalvables de la producción física y la presencialidad que van ligadas a la consecución de escala. Por ejemplo, la necesidad de mejoras exponenciales en transporte y movilidad podría esquivarse, según Robb, mediante telepresencia y comunicaciones virtuales.

La organización social como tecnología

Robb cita y tiene en la cabeza a los transitional towns. Pero estos están en el marco teórico y el imaginario del decrecionismo. Su práctica hasta ahora ha sido declarativa, no hay todavía un sólo pueblo o comunidad local que haya demostrado que pueda pasar a una economía autárquica, de bajísimo consumo energético y al tiempo multiplicar su productividad.

Sin embargo, todo parece indicar que las tecnologías actuales permiten la autonomía comunitaria en la interdependencia global. Desde el fabbing a las energías renovables ligeras todo apunta a que no sólo las tecnologías de comunicación dan la posibilidad de metabolismos informacionales distribuidos, sino que la globalización podría convertirse en la base de redes cuyas economías serían economías de producción distribuida, empoderantes para las comunidades y las personas, no extractivas con el entorno.

Pero para eso la principal tecnología es la organización social.

La filé como alternativa a los pueblos decrecionistas

Dejar de crecer, estancar o reducir el valor de lo producido, no es la única alternativa a unas relaciones productivas y sociales rapaces con el medio social y natural. De hecho plantearlo así es la forma más burda pero no la más resiliente.

Una forma social es resiliente si es capaz no sólo de crecer cuando tiene oportunidad, sino sobre todo de reducir su escala sin perder cohesión. El modelo de pueblo decrecionista está pensado como un modelo económico de mínimos, como una economía voluntariamente constreñida y autárquica, ligada y dependiente directamente a la producción agraria. Pero ¿no se trataría justo de lo contrario? Si lo que se trata es de construir alternativas al industrialismo, la solución no es una vuelta atrás, una vuelta a la economía localista del minifundio. La vida rural del siglo XIX, ahora con placas solares y bicicletas eléctricas, no es una utopía, es un castigo.

La verdad incómoda es que el decrecionismo, con su tecnofobia latente, su pavor a la demografía y su nulo cuestionamiento de la empresa autocrática, no puede ofrecer un modelo de crecimiento de la productividad. Sólo puede enfrentar localismo a globalización, agrarismo a desarrollo tecnológico y descualificación a la ultraespecialización productiva. Pero no puede construir una alternativa atractiva y no extractiva aquí y ahora. Sólo puede imaginar un mundo igual pero constreñido, downgraded. Por eso necesita una catástrofe y por eso prepara a sus seguidores para una hipotética catástrofe energética o medioambiental con la que mantiene una relación emocional ambigua.

Por contra, sabemos que la filé es una forma resiliente porque las filés existentes lo son. Pero evidentemente ni la lógica teocrática de los muridíes ni la economía del crimen de las filés negras pueden ser nuestro modelo.

Sin embargo, sabemos que el modelo de filé neoveneciana, absorviendo la transnacionalización como perspectiva comunitaria, con su versión de la democracia económica basada en una escasísima jerarquización, su tecnofilia, su funcionamiento distribuido y sobre todo con el desarrollo del pluriespecialista, produce realmente una multiplicación de la productividad media con saltos positivos y recurrentes de la productividad marginal debidos a aumentos en la diversidad social.

Nos queda experimentar si John Robb lleva razón y alcanzada una cierta masa crítica en la red local, el neovenecianismo puede tener capacidad de crecimiento global. Estamos en el tiempo del hacer.

Añade tu comentario

9 Comentarios a “De la resiliencia al cambio social”

  1. mentor66.wordpress.com/

    No puedo estar de acuerdo en que el modelo decrecionista sea un modelo tecnófobo, o “de mínimos” como se indica. Es cierto, que algunos de sus principales teóricos (Latouche, por ejemplo) entran en esa dinámica, pero ya está teniendo suficientes críticas dentro de gentes cercanas a este movimiento. Se aboga por el “mejor con menos” (por supuesto, en los paises donde las necesidades básicas están cubiertas) con una racionalidad basada en la autocontención ( Jorge Riechmann).

    Con respecto al catastrofismo, ya he podido observar que no se comparte en vuestra comunidad (no sé si es el concepto correcto) el cercano agotamiento de los combustibles fósiles baratos, con las consecuencias de largo alcance a nivel social que se podrían preveer de ser así y no encontráramos fuentes de energía alternativa (que de momento no se atisban según lo que he podido analizar). Por mi naturaleza, yo siempre me sitúo en escenarios pesimistas y albergo la hipótesis de la centralización de poder económico-político a que nos puede arrastrar este acontecimiento. Por ello, ahí ando en la posición de “pesimista activo” intentando localizar nuevos caminos para no llegar a esa situación. El otro día escribía en un blog sobre “el consumismo como legitimador del sistema”, y un conforero matizaba con mucha sapiencia de que además de cuestionar el lado de la demanda (consumo) , también teníamos que encontrar nuevas formas de oferta (producción). Tenía toda la razón, y en ese lado me interesa enormemente vuestra propuesta.

    Un saludo

  2. mentor66.wordpress.com/

    En linea con mi comentario anterior, creo que es de reseñar el anuncio realizado en estos ultimos días por Fatih Birol , economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Dr. Fatih Birol. Advierte claramente del cenit mundial de la producción de petróleo y ya habla abiertamente de que si la economía mundial se recupera, a la Humanidad le esperan consecuencias catastróficas. Con lo cual , no sabemos muy bien que es peor.Es importante de reseñar un dato que da Birol sobre la tasa de declive de unos 800 grandes campos petrolíferos, que representan las ¾ partes de la producción mundial no es del del 3,7% menos a cada año que pasa después del cenit de la producción (que era lo que se pensaba), sino del 6,7% (y ya sabéis cómo funciona aquello de la exponencialidad)

    Por favor, tener en cuenta que este señor no es un simple “catastrofista decrecionista” sino que es uno de los principales baluartes del actual “status-quo” energético mundial.

    Un saludo

  3. David de Ugarte

    Digamos, Mentor, que nos anima otro tipo de pesimismo :)

    La principal razón para desconfiar de la teoría del peak oil catastrófico no es que implique falacias ricardianas, que lo hace, o que la idea catastrofista en si misma tenga un sustrato escatológico religioso, lo más peligroso es que convierte en obligatorio todo aquello por lo que hemos batallado durante años e impone como hechos ideas con las que durante años hemos tratado de convencer -sin demasiado éxito- a nuestros vecinos y a las empresas.

    Cosas como el I+D tecnológico, el uso de renovables, la concepción de la producción como un todo teniendo en cuenta el metabolismo social y natural tanto como la respuesta del mercado, etc…

    Así que realmente los pesimistas somos nosotros, pensamos que tenemos por delante un largo camino de comunicación, experimentación y transformación social en la que garantizar el acceso al consumo a miles de millones de personas y acabar con la pobreza está en primer orden de la agenda, y que no va a venir una catástrofe a darnos la razón ni reducir la población mundial para que sea viable hacerlo produciendo menos :)

  4. mentor66.wordpress.com/

    Pues, David, hay algunas cosas que no entiendo. No sé sino entendí bien. De principio dices desconfiar de la teoría del peak oil, y más tarde hablas de que este hecho convierte en obligatorio todo aquello por lo habéis batallado.

    Sobre las falacias ricardianas – !qué recuerdos de memorables debates entre Marcel Coderch y Juan Ramon Rallo al respecto!- bueno, pues sí, podemos confiar en la tecnología , energías renovables, y estas cosas. No soy para nada tecnófobo, pero tengo dos grandes temores : 1/ El corto plazo donde se tienen que dar los cambios necesarios para modificar el actual modelo social basado en el consumo de combustibles fósiles. De esto, lo que realmente me espanta, son las implicaciones sociales que puede llegar a tener este periodo de transición. Me refiero a un entorno de competencia sin cuartel por esos recursos escasos (¿guerras por los recursos escasos? En mi opinión, ya las estamos viviendo todos los días) , centralización de poder político (¿estados totalitarios demandados por una ciudadanía ausente con el fin de perpetuar su innegociable “way of life”?) y financiero (grandes corporaciones multinacionales totalmente imbricadas con el poder político. “Plutocracias”) . Es decir, todo lo contrario al proceso de autonomía del ser humano que todos queremos 2/ El segundo aspecto que me atemoriza es que si después de haber tirado a todos los dioses (de la Naturaleza y de la historia) no habremos creado uno nuevo que será el de la Ciencia y la Técnica ( “Tecnolatría”). ¿No podemos ,por mero principio de precaución ante la “hybris” humana, plantearnos que estamos despilfarrando algo que se ha ido forjando durante miles de años y lo hemos gastado en menos de 300 ? ¿No podemos , por mero principio de precaución, pensar en la posibilidad de que no seamos capaces de obtener recursos energéticos tan eficientes como los combustibles fósiles? ¿No podemos, por mero principio de precaución, pensar que es posible “vivir mejor con menos”? A este “vivir mejor con menos” (menos trabajo alienante, menos consumo, menos velocidad, más tiempo disponible para aprender y fomentar las relaciones sociales………a esto es a lo que yo (y muchas otras personas) categorizamos como “decrecimiento”)

    Bueno, que se me va la pinza. Simplemente decir que me interesa mucho ese concepto que utilizas de “concepción de la producción como un todo teniendo en cuenta el metabolismo social y natural tanto como la respuesta del mercado”. En mi concepción, el concepto de producción no se limita al reduccionista componente monetario. Hay muchas actividades que sin que sean valoradas en el PIB aportan un beneficio social. Por lo tanto, en mi particular visión de valores, está el acabar con ese concepto de generación del Valor Añadido monetario como única forma de valorar la bondad o maldad de una acción productiva. La verdad es que no tengo claro, si estamos hablando de lo mismo…..

    Para acabar, solo mencionar de refilón, la que – a tenor de lo que os he leído- es vuestra idea de la sociedad red como panacea. Simplemente decir que eso también tiene sus puntos oscuros siempre que sigamos en el entorno actual de reduccionismo de todo a lo pragmático (monetariamente hablando). Esto nos puede llevar a una “Sociedad de la ignorancia” con un deficit democrático enorme por la fragmentación del conocimiento, la expertización en aspectos hiperespecializados………En resumen, más hacia una “Sociedad de los saberes productivos (producción en el sentido PIB), que a una “Sociedad del conocimiento”.Dice Antoni Brey en un ensayo que recomiendo: “ La sociedad del Conocimiento se ha convertido en una nueva utopía, en una esperanza para tiempos desesperados, casi en la única expectativa colectiva que nos permite mirar hacia el futuro con cierta ilusión” . El ensayo fue publicado por Infonomia y se puede ver en : http://www.thesecondmoderntimes.com/theignorancesociety/es

    Un saludo

  5. David de Ugarte

    Querido Mentor, me parece que has empezado el tradicional comment-bombing decrecionista. Ya sufrimos dos, uno de ellos a base de insultos graves y salidas de tono enloquecidas de Coderch y otros prosélitos de AEREN. No pienso repetir ese juego vicioso aquí porque ya conozco bien los métodos de la escuela decrecionista: usar lo que se mueva como plataforma o reventar a base de flame-wars al peor estilo de las sectas milenaristas.

  6. mentor66.wordpress.com/

    Ok, pues nada……Te aseguro que lo que comentas está lejos de mi intención.
    Venga, un saludo

3 Trackbacks/Pingbacks

  1. Resiliencia, sostenibilidad y cambio social

    [...] que el futuro es de las comunidades resilientes. Pero tiene en cabeza a las decrecionistas. Sus planteamientos son correctos e iluminadores, pero seguramente en el ejemplo se equivoque. Resiliencia, sostenibilidad y cambio socialPortugués ApertiumJuan sempre nos falou de nossa [...]

  2. Los hackers de la sostenibilidad | Sociedad de las Indias Electrónicas

    [...] llamadas comunidades resilientes se están convirtiendo en la materialización de un debate de fondo cada vez más amplio gracias al impacto social de la crisis económica global y la sensibilización [...]

  3. Un buen debate personal sobre el decrecionismo « Mi blog organizador

    [...] 29, 2010 — mentor66 El interlocutor vio fantasmas donde no los había………cachis, era un buen debate! En la distancia, casi ni me reconocía en el buen argumentario [...]

Deja tu comentario

Natalia Fernández, socia fundadora de La Sociedad de Las Indias Electrónicas
La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa del Grupo Cooperativo de las Indias. Creamos conocimiento, productos y servicios empoderadores para las personas, las comunidades y las organizaciones con herramientas innovadoras que refuerzan la sostenibilidad social y medioambiental de sus proyectos.

La Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas es una empresa especializada en la investigación y desarrollo de formas social y medioambientalmente sostenibles de producción de bienes e infraestructuras. La Bitácora del Arte es una bitácora dedicada a reflexionar sobre los modos comunitarios y sostenibles de trabajar, crear, distribuir y producir, con ella hacemos pública la evolución y los debates sobre nuestro propio modelo organizativo.

Grupo Cooperativo de las Indias
En 2007 la Sociedad de las Indias Electrónicas lanzó feevy, un servicio web en software libre cuyo objetivo era ayudar a hacer más distribuida la blogsfera. Para mantenerlo y desarrollarlo hacía falta una estructura que la empresa no tenía. Por eso el 2 de octubre, en el quinto aniversario de la fundación indiana, Natalia Fernández en representación de las Indias junto con Javier Cañada que había hecho el diseño de interacción, fundaron Feed the Ivy SL. La empresa sirvió de soporte al mantenimiento del servicio y vendió sus propios desarrollos de software libre durante más de un año.

Con la venta de feevy al grupo BBVA a principios de 2009, la empresa comienza el proceso legal de transformación en una cooperativa de trabajo asociado. El objetivo era estudiar y experimentar formas de producción social y mendioambientalmente sostenible. Queríamos producir lo que llamamos el modo de vida indiano sintiéndonos orgullosos del modo y no sólo de los resultados.

Tomamos el nombre de El Arte de las Cosas porque a partir del siglo XI en Europa aparecen gremios de artesanos y coaliciones de mercaderes-productores, conocidos también como Artes. Los distintos artes no eran sólo comuninades técnicas. Eran comunidades de conocimiento que trabajaban desde y para un ideal ético que se ligaba y explicaba desde el hacer y las herramientas del oficio.

Pensamos que el conocimiento que permite hacer cosas hermosas y socialmente útiles no puede ser sólo un conocimiento técnico, ha de contener un significado social, una ética del trabajo y una visión del mundo. Los objetos que se ofrecen en el mercado son portadores de mundos, de proyectos sociales y visiones morales. Queremos ser un Arte, un Arte dedicado a la creación de objetos con significado.

Nuestro símbolo es el símbolo de uno de aquellos Artes, el Arte de la Calimala, los creadores de las primeras redes comerciales medievales transeuropeas. Originalmente tinteros -por eso el águila porta un torsello, un fardo de lana- acabaron creando las formas modernas de la banca y siendo los mecenas del Renacimiento florentino.

Como ellos, nuestra primera exploración la hicimos en el mundo textil. Entre mayo y julio de 2009 vendimos en nuestro local de Madrid una colección de inspiración literaria que habíamos producido en pequeños talleres independientes valencianos. Tras esta primera experiencia, el 18 de septiembre de 2009, Feed the Ivy SL se transformó ante notario en cooperativa de trabajo asociado, pasando a llamarse Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas. Los tres socios “refundadores” fueron Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte.

Ese fue nuestro verdadero punto de arranque, un momento que vino a coincidir con el momento más duro de la crisis económica. Comenzamos entonces un proceso de reflexión sobre las formas de trabajo y organización que pudieran hacer aún más resilentes a las comunidades y empresas regidas según principios de democracia económica.
Es a esa reflexión a la que queremos invitarte con en esta Bitácora del Arte.

El 9 de febrero de 2010 decidimos en asamblea formar junto a Sociedad de las Indias Electrónicas el Grupo Cooperativo de las Indias, dentro del cual el papel de la Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas consistirá en proveer al grupo de un nodo específico de investigación y desarrollo de productos, haciendo además de casa-taller de los nuevos indianos e “incubadora” de nuevas cooperativas especializadas.

Bitácora del Arte

Sociedad Cooperativa del Arte de las Cosas
Barco 37 - 28004 - Madrid

CIF F-85220861